viernes, 11 de abril de 2014

La carrera contra una inflación que se acelera

En los últimos siete años la inflación superó el dígito promediando 23% anual durante 2007-2013, convirtiéndose en uno de los principales escollos de la economía. Ésta redujo el grado de previsibilidad de los agentes, desincentivó la inversión y, al utilizarse como ancla nominal el tipo de cambio y las tarifas, generó un marcado desequilibrio de precios relativos.
Sin embargo, la verdadera problemática de este proceso es que en un esquema de inflación elevada no todas las variables nominales suben al mismo ritmo. Los distintos sectores se valen de herramientas disímiles que, según su capacidad de ajuste, los deja más o menos expuestos a los incrementos de los precios, generando distorsiones e inequidades.
El impacto negativo de la inflación estuvo agravado por la sistemática subestimación del problema por parte del gobierno, que informó una inflación claramente por debajo de la real (de acuerdo al INDEC entre 2007-2013 la inflación promedió 9,4% anual). Esto no ayudó a su correcto diagnóstico y, por lo tanto a un tratamiento adecuado de la misma. Además, incrementó la incertidumbre y sumó un factor de propagación producto de la descoordinación de las expectativas: sin un termómetro creíble de la inflación se destruyó la principal referencia objetiva que las distintas variables nominales toman de referencia.
La situación actual corre con la ventaja de que el INDEC parecería estar sincerando las estadísticas públicas, o al menos realizando un reconocimiento parcial de la misma. Más allá de que todavía subsisten dudas acerca de las cifras de inflación del IPCNu (la información sigue siendo incompleta e imprecisa), ello resulta un avance sobre el proceso de formación de precios y el ajuste del resto de las variables nominales.
Sin embargo, la aceleración de la inflación en el arranque del año (en el primer trimestre acumuló 13%) dejó muy expuesta la divergencia entre las distintas variables nominales, con preocupantes casos como la AUH y las jubilaciones.

Con más o menos herramientas de indexación
En numerosas oportunidades hicimos referencia al problema de la nominalidad ascendente, es decir al riesgo de que se acelere la carrera entre el tipo de cambio, precios y salarios a niveles preocupantes. En el marco de esta carrera nominal, es posible que muchas variables queden rezagadas, en tanto no existe en nuestra economía un esquema pleno y automático de indexación de las mismas.
El caso más representativo de esta problemática son los beneficios sociales que otorgan un monto nominal fijo que no prevé ningún tipo de ajuste ante variaciones de precios. El caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH) es un muy buen ejemplo: en junio del año pasado el Ejecutivo decretó un aumento de 35,3% de la AUH (a $ 460) que significó una ganancia de 31,5% en términos reales (tomando los precios de nuestra Canasta Básica Alimenticia como referencia). Sin embargo, la no actualización del monto nominal junto con la aceleración de la inflación en los últimos nueve meses evaporó la recomposición lograda.
Fuente fortunaweb.com

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